Conocí a Eduardo Puebla a mediados del año 2003. En ese entonces estábamos mal, con cualquiera que hablabas los problemas eran los mismos, falta de trabajo, pérdida de dinero, hipotecas, desaliento. En mi caso había atravesado una larga marcha por el desierto del 2002. Estaba mal, pero tenía las ganas, y había recomenzado desde cero todo.
La militancia estaba desarticulada. El estado en todos sus niveles era ineficiente, funcionarios políticos con prácticas desleales que mentían a sabiendas a todos los sectores sociales, empleados inútiles que no respondían o directamente se desinteresaban de las necesidades de quienes se les presentaban.
Habían aparecido en esa situación organizaciones sociales que empezaron a ser la levadura que levanta al Pueblo de la situación de abandono en la que estaba. Casi todas eran de izquierda, y realmente, por lo menos para uno, les faltaba algo, les faltaba amor al pueblo a la patria; eso que sólo el peronismo tiene y de lo que carece todo movimiento político.
Fue justo ahí cuando me hablaron de Eduardo, el había organizado, puesto en funcionamiento, con el “pelado” Perdía a la OLP, Organización Libre del Pueblo. Lo que eso significa sólo lo entendemos los peronistas, y mucho después lo ven en sus frutos los que no lo son. Era el pueblo organizado en forma democrática, con participación, con discusión, con ideales.
Me acuerdo que de golpe nos juntamos compañeros que veníamos de distintas experiencias, con distintos momentos personales, estábamos golpeados, tomamos los planes sociales de $150 como herramienta política, y también como ingreso personal de los compañeros. Era un desafío social y político y la OLP era el camino que el peronismo le mostraba al pueblo argentino para no caer en la desesperación.
Organizamos una presentación y empezamos a participar de las marchas con todos los grupos, éramos pocos, pero empezó a correr la noticia y de todos lados aparecían los compañeros, la gente dispuesta a sumarse. Me acuerdo que nos encontramos frente a problemas organizativos que antes no teníamos y el carácter social del grupo desplazaba al diseño político, pese a nuestra formación y a que siempre queríamos recuperar lo que era nuestro el Partido Justicialista.
En todas las reuniones que tuvimos aprendí a observar a Eduardo y a ver como era con los compañeros con los cuales se diseñaban los pasos a seguir, aún hoy tengo en la retina el carácter equilibrado, la mesura en el trato, y que nunca se apartaba de la idea con la cual lanzó el grupo primario: la cuestión social la inclusión de los más necesitados a través de programas de viviendas, de producción, de trabajo, de asistencia a fin de evitar una mayor inequidad, una mayor desigualdad. Eso era Eduardo Puebla, eso era peronismo.
Tuve diferencias con Eduardo, pero siempre se las marqué de frente, nunca por atrás y nunca le mentí; pero nuestro diseño era más político, el manejaba tiempos y articulaciones basadas en lo social y que luego, a su tiempo iban a dar como consecuencia natural fruto político.
La vida no le permitió cristalizar ese sueño; creo que de estar hoy entre nosotros lo hubiera logrado y el oficialismo tendría en la agenda política la participación de las organizaciones sociales como auténticos representantes del pueblo y no como colaterales que le juntan gente a la presidenta para sus actos.
Lamenté su pérdida, era un tipo joven, con una pila y una constancia impresionante. Eduardo nunca gritaba, no era el tipo colérico, ni marcaba un liderazgo basado en su ego. Aún hoy recuerdo el trato auténticamente democrático con el cual manejaba las reuniones. Hasta ahora no encontré otro tipo así.
Creo que su recuerdo no debe ser el de la tristeza por la imagen que tengo de Eduardo no le hubiera gustado, parecía del tipo que le gustaba la vida, y sobre todo me dejo la impresión de que la amistad en el era muy importante, por eso pienso que lo mejor es recordarlo con alegría y como un amigo que se fue de viaje, al que extrañamos pero que no perdimos.
Creo que es uno de los tipos que hizo lo necesario para sacar al País del pozo de depresión en el cual estábamos entre el 2002-2004 ese es su logro y nadie se lo puede sacar, por eso creo que hoy haría mucha falta. Pero Dios sabe lo que hace, no nos pongamos tristes, pongamos las pilas y peleemos como lo hacía Eduardo, el desafío sigue siendo el mismo, una Argentina socialmente justa, políticamente soberana y económicamente libre.
La militancia estaba desarticulada. El estado en todos sus niveles era ineficiente, funcionarios políticos con prácticas desleales que mentían a sabiendas a todos los sectores sociales, empleados inútiles que no respondían o directamente se desinteresaban de las necesidades de quienes se les presentaban.
Habían aparecido en esa situación organizaciones sociales que empezaron a ser la levadura que levanta al Pueblo de la situación de abandono en la que estaba. Casi todas eran de izquierda, y realmente, por lo menos para uno, les faltaba algo, les faltaba amor al pueblo a la patria; eso que sólo el peronismo tiene y de lo que carece todo movimiento político.
Fue justo ahí cuando me hablaron de Eduardo, el había organizado, puesto en funcionamiento, con el “pelado” Perdía a la OLP, Organización Libre del Pueblo. Lo que eso significa sólo lo entendemos los peronistas, y mucho después lo ven en sus frutos los que no lo son. Era el pueblo organizado en forma democrática, con participación, con discusión, con ideales.
Me acuerdo que de golpe nos juntamos compañeros que veníamos de distintas experiencias, con distintos momentos personales, estábamos golpeados, tomamos los planes sociales de $150 como herramienta política, y también como ingreso personal de los compañeros. Era un desafío social y político y la OLP era el camino que el peronismo le mostraba al pueblo argentino para no caer en la desesperación.
Organizamos una presentación y empezamos a participar de las marchas con todos los grupos, éramos pocos, pero empezó a correr la noticia y de todos lados aparecían los compañeros, la gente dispuesta a sumarse. Me acuerdo que nos encontramos frente a problemas organizativos que antes no teníamos y el carácter social del grupo desplazaba al diseño político, pese a nuestra formación y a que siempre queríamos recuperar lo que era nuestro el Partido Justicialista.
En todas las reuniones que tuvimos aprendí a observar a Eduardo y a ver como era con los compañeros con los cuales se diseñaban los pasos a seguir, aún hoy tengo en la retina el carácter equilibrado, la mesura en el trato, y que nunca se apartaba de la idea con la cual lanzó el grupo primario: la cuestión social la inclusión de los más necesitados a través de programas de viviendas, de producción, de trabajo, de asistencia a fin de evitar una mayor inequidad, una mayor desigualdad. Eso era Eduardo Puebla, eso era peronismo.
Tuve diferencias con Eduardo, pero siempre se las marqué de frente, nunca por atrás y nunca le mentí; pero nuestro diseño era más político, el manejaba tiempos y articulaciones basadas en lo social y que luego, a su tiempo iban a dar como consecuencia natural fruto político.
La vida no le permitió cristalizar ese sueño; creo que de estar hoy entre nosotros lo hubiera logrado y el oficialismo tendría en la agenda política la participación de las organizaciones sociales como auténticos representantes del pueblo y no como colaterales que le juntan gente a la presidenta para sus actos.
Lamenté su pérdida, era un tipo joven, con una pila y una constancia impresionante. Eduardo nunca gritaba, no era el tipo colérico, ni marcaba un liderazgo basado en su ego. Aún hoy recuerdo el trato auténticamente democrático con el cual manejaba las reuniones. Hasta ahora no encontré otro tipo así.
Creo que su recuerdo no debe ser el de la tristeza por la imagen que tengo de Eduardo no le hubiera gustado, parecía del tipo que le gustaba la vida, y sobre todo me dejo la impresión de que la amistad en el era muy importante, por eso pienso que lo mejor es recordarlo con alegría y como un amigo que se fue de viaje, al que extrañamos pero que no perdimos.
Creo que es uno de los tipos que hizo lo necesario para sacar al País del pozo de depresión en el cual estábamos entre el 2002-2004 ese es su logro y nadie se lo puede sacar, por eso creo que hoy haría mucha falta. Pero Dios sabe lo que hace, no nos pongamos tristes, pongamos las pilas y peleemos como lo hacía Eduardo, el desafío sigue siendo el mismo, una Argentina socialmente justa, políticamente soberana y económicamente libre.