Hoy en día, la actividad política parece una actividad entre “vivos”, los cuales en forma desembozada imponen a la ciudadanía la forma de vida y en el uso del estado nacional, no se advierte solución a los problemas que se presentan a la sociedad a través del humo que contamina el medio ambiente, cortes de luz, alza de precios, falta de trabajo estable, inseguridad, lentitud e inoperancia judicial en garantizar la vida en comunidad y tantos otros que queremos evitar mencionar.
En esta situación y carente de modelos actuales se encuentra la Argentina. Sin embargo y pese a que la injusticia es tan vieja como la vida, la actividad política es la única capaz de proveer soluciones que hagan nuestra vida más feliz, mas justa, más fraterna, más solidaria. No hay otro instrumento, porque la política es la vida misma la necesidad de relacionarse el ser humano con sus pares para garantizar la vida en comunidad.
Pese a estos ideales nobles que mueven la actividad, en nuestra querida Argentina, junto al trigo crece la cizaña, apareciendo personajes menores que hiciéramos referencia al inicio. Uno de los grandes pensadores de nuestro País, don Leopoldo Lugones, definió a la política criolla como “el arte de llegar a la sala pasando por el albañal”. En esta situación siempre terminan apareciendo grandes hombres como Raúl Scalabrini Ortiz, que terminan siendo modelos a seguir por todos los argentinos y extranjeros de buena voluntad que viven en la República Argentina.
Correntino, nació el 14 de Febrero de 1898, en los albores del agitado siglo XX. Su padre Pedro Scalabrini se había escrito por su afición naturalista con Florentino Ameghino, siendo además Director del Museo de Historia Natural cuando nació su hijo Raúl Angel Toribio Scalabrini, siendole conocido después al llevar el apellido materno de doña Ernestina Ortiz.
Siendo muy joven y ya cursando la carrera universitaria, se inclinaría por la política, como vocación de servicio, pensando las primeras ideas para que las ideas de nacionalidad y Patria no resulten ajenas al sentir popular.
Se inclinaría como muchos por un yrigoyenismo doctrinario, al haberse convertido el mítico caudillo radical de la “causa contra el régimen” en mas bien una categoría política que en un hecho político concreto. El caudillo radical estaba entonces envejecido y mal rodeado.
Con apenas 23 años ya es ingeniero agrónomo, radicado en Buenos Aires, en donde se cruza sin proponérselo con distintas personalidades que descoyarían en la vida cultural y literaria argentina, conoce a Jorge Luis Borges, César Tiempo, y Leopoldo Marechal entre otros.
Aparece publicado un cuento suyo “La Manga” es en esta etapa literaria en donde se o vincula despectivamnte con los “de Boedo” el cual era en ésa época una suerte de barrio marginal, lleno de compadritos, chicas fáciles, inmigrantes sin roce social y bohemios como don Raúl, al cual el descalificativo no lo amilanaba.
Es en este grupo heterogéneo, que se amontonaba en mesas de café, billares y tango en donde conocería a otras muchas personalidades que le permitirían ir madurando su pensamiento intelectual de una Argentina socialmente justa y económicamente libre.
Se cruza, conoce y tiene trato con Macedonio Fernández, Roberto Arlt y Nora Langhe. El primero sería en gran medida quien le iría introduciendo entre las venas su “superstición por lo argentino” como maliciosamente diría Borges de Macedonio Fernández.
El golpe militar del 6 de Septiembre de 1930 tuvo la pretensión inicial de querer regenerar la política y la honestidad en el manejo de la función administrativa que una banda de personajes hoy olvidados y que en su momento fueran conocidos como el “Klan radical” hicieran uso en forma inmoral del anciano indefenso que era don Hipólito Yrigoyen, rodeándolo y manteniéndolo ajeno a la realidad de los hechos que atravesaba el País entonces.
En esa época frecuento cenáculos políticos, y al poco andar como muchos argentinos, vió que la “revolución de septiembre” no era más que una ilusión en donde los únicos ganadores eran los inmorales que empezaban a abundar en la actividad política en cualquier ámbito de decisión que tuviera importancia alguna. Acá en 1931 aparece Ël hombre que está solo y espera” el porteño de la esquina de la Av. Corrientes y esmeralda.
Se iniciaba un largo decenio que sería conocido como “década infame”. En 1933 se produce un hito histórico en la vida institucional de nuestra Patria. Se firma el pacto Roca-Runciman, en el cual y luego de la crisis económica de 1930 argentina entrega los activos financieros y económicos del País a la Corona Británica por nada. José Luis Torres calificaría el mismo como “el estatuto legal del coloniaje”. Argentina se encontraba sometida económicamente al imperio inglés. Lo que no consiguieron en 1806, 1807 y 1845 lo hicieron a través de agentes vernáculos, nativos que colaboraban convencidos que era mejor estar asociados al imperio inglés que ser un País soberano como juraron nuestros mayores el 9 de Julio de 1816.
Es en esta época en la cual la actividad política es un albañal al decir de Lugones, en donde es más fácil seguir la corriente y aceptar mansamente lo que ocurre porque no hay salida a la vista, y porque el Pueblo acepta sin hesitar los hechos vergonzosos que se le imponen.
En esta época es en donde aparece Raúl Scalabrini Ortiz. Lejos de aceptar la situación empieza a interesarse por la realidad que lo circunda y empezar la revolución en el terreno de la ideas, defendiendo la argentinidad por encima de todo.
En el ámbito natural de los de “Boedo” se va delineando un grupo humano de jóvenes radicales yrigoyenistas doctrinarios, que constituirían lo que se conoce como FORJA, el cual estaría integrado por Luis Dellepiane, Jauretche, José Constantino Barro, Homero Manzi y muchos otros más que en ese momento representaban el trigo que no se rendía frente a la cizaña. Eran la esperanza política de la Patria.
Invitado a dar una conferencia en un local de la calle Lavalle Raúl Scalabrini Ortiz explica con números en mano como hicieron los ingleses para ganar políticamente lo que habían perdido en el terreno militar. El entusiasmo es mayúsculo. Tan así es que se publica como primer folleto de FORJA una de las principales obras de Raúl Scalabrini Ortiz “Política británica en el Río de la Plata” edita también un tabloide “Reconquista”el cual lucha durante un mes y medio sin fondos contra la ignorancia y el silencio miserable que rodea al sometimiento a que es sometida la nación argentina. Era la época en que “el subsuelo de la Patria esta sublevado”.
Empiezan sus investigaciones sobre los ferrocarriles, estableciendo la verdad meridiana de que los hicimos los argentinos, se lo quedan los ingleses y encima les tenemos que agradecer que estén en manos privadas. ¿Encuentra algún parecido con la realidad?.
Su actividad intelectual ya se desarrolla estableciendo que los argentinos no somos hindúes que podemos ser gobernados por carecer de ideas propias. Escribe “El Banco Central y el señor Niemeyer”, “Dos plagas: régimen fiscal y oligarquía”; “Porque no da a conocer el doctor Pinedo la lista de deudas congeladas?”; “Hoy como en 1890, Inglaterra estrangula nuestro futuro” y muchos más que van abriendo una siembra de ideas a campo abierto en donde fecundan las ideas de nacionalidad, independencia, patria, justicia social y muchas más que aún hoy son vigentes.
Como siempre la cizaña sería la única que sería reconocida. Pese al nivel de intelectualidad y de irrefutabilidad de ideas, la argentina oficial guardaría un silencio complaciente ante el amo inglés. Era la época en la cual las Silvina y Victoria Ocampo, los Borges, los Eduardo Mallea, recibirían en alta sociedad personalidades de renombre internacional que visitarían nuestro País como Stefan Zweig y Jules Romains, el cual se juntarían en el PEN Club. Era un intento de sometimiento cultural de la argentina, un intento más de transformarnos en la India, una vaca sin cerebro.
Aquí nuevamente se alza la voz de protesta de Scalabrini Ortiz, impidiendo que la Argentina real este ausente de esta imposición cultural.
“Este congreso del PEN Club es una consecuencia del rastacuerismo de nuestra oligarquía” y replicando al francés añade “El nuestro es hoy un pueblo encadenado, no un pueblo libre. Romains se equivocó al calificarlo como altivo, y esa equivocación no nos sorprende si recordamos que él es ciudadano de la segunda Nación imperialista de la tierra, de la dulce Francia, satélite de Inglaterra”.
En este momento sus ideas ya son conocidas por la mayoría de los políticos, los cuales acuden a su retórica a fin de exponer en el Congreso Nacional las críticas a la situación imperante. Con humildad y satisfacción Scalabrini Ortiz vería desde la barra como sus ideas se abren paso entre los legisladores.
Producido el movimiento militar del 4 de Junio de 1943, renace la esperanza de que las ideas se encarnen en el accionar del estado. Scalabrini Ortiz se da cuenta que “un horizonte en aquella oscura selva de traiciones y de intereses combinados” se había abierto. La esperanza estaba en marcha.
Con la jornada popular del 17 de Octubre de 1945 en el cual el pueblo se manifiesta por la liberación del Líder que le devolvería la libertad y la dignidad entregada por la oligarquía vernácula Scalabrini Ortiz afirma que “lo que había soñado e intuído durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto”.
Puesta en marcha la transformación de la Patria en una Argentina socialmente justa, libre y soberana, a partir del proceso iniciado el 24 de Febrero de 1946, se produce un encuentro social entre Juan Domingo Perón y Raúl Scalabrini Ortiz, el cual muy discretamente y a través de un amigo le haría llegar un humilde pedido: “mi General no se olvide de los trencitos” al poco tiempo a través de Miranda, Mercante y muchos más se produciría la compra de los ferrocarriles a los ingleses.
Consultado en una conferencia Scalabrini Ortiz de porque la compra, dado que no era más que hierro viejo que se había pagado muy caro, don Raúl contestó “no importa compramos soberanía y la soberanía no tiene precio”. Finalmente el 9 de Julio de 1949 Juan Domingo Perón declararía la Independencia Económica de la República Argentina.
En esta época el viejo batallador de la Patria, se retiraría de toda exposición pública, guardando un merecido descanso.
Producido el golpe militar de 1955 su alma volvería a la acción impulsada por un fabuloso resorte interno tan potente como el de sus años juveniles. Denuncia la situación de sometimiento que empiezan a querer imponer viejos empleadillos del imperio inglés, los Raúl Prebisch, los Alsogaray y muchos aprendices de “vendepatria” que se postulan para rematar los bienes del estado a favor del capital extranjero. Es la época en la cual escribe en “El Líder” y en la revista “Que” la cual pese a su amarillismo a favor de Frondizi, le sirve como vehículo de sus ideas.
Finalmente y en manos de su compañera inseparable Mecha, madre de sus cinco hijos fallece el 31 de Mayo de 1959.
Aun hoy su legado sigue vigente. Scalabrini Ortiz, no se afilio nunca a ningún partido político, porque para el el único partido posible era el de la Patria. No concebía a la Argentina como una “factoría del imperio inglés” y veía al igual que San Martín, con horror que haya argentinos nativos que trabajen a favor del extranjero y en contra de su patria eran los “cipayos” los hindúes nativos que ayudan al invasor a dominar su propio País.
Parece mentira que dicha situación vergonzosa y que fuera resistida por los fundadores de la nacionalidad, por la Confederación Argentina en la época de Rosas y con mucho coraje civil por parte de Perón, sirva de especulación política por parte de argentinos para afirmar que nos “hubiera ido mejor si los ingleses nos conquistaban en 1806 y 1807” que hoy seríamos como Australia y otras estupideces por el estilo que sólo ofenden la memoria de quienes como Raúl Scalabrini Ortiz consagraron su vida en pensar la Patria.
Es un acto de Justicia para todos los argentinos que la ex Av. Canning, el principal diplomático inglés en la etapa de la formación de la nacionalidad que obstruyera por todos los medios posibles a la Argentina; lleve su nombre.En el Bicentenario de la Argentina refresquemos lo vivido y pensado por Raúl Scalabrini Ortiz para alcanzar una Argentina socialmente justa económicamente libre y políticamente soberana.
En esta situación y carente de modelos actuales se encuentra la Argentina. Sin embargo y pese a que la injusticia es tan vieja como la vida, la actividad política es la única capaz de proveer soluciones que hagan nuestra vida más feliz, mas justa, más fraterna, más solidaria. No hay otro instrumento, porque la política es la vida misma la necesidad de relacionarse el ser humano con sus pares para garantizar la vida en comunidad.
Pese a estos ideales nobles que mueven la actividad, en nuestra querida Argentina, junto al trigo crece la cizaña, apareciendo personajes menores que hiciéramos referencia al inicio. Uno de los grandes pensadores de nuestro País, don Leopoldo Lugones, definió a la política criolla como “el arte de llegar a la sala pasando por el albañal”. En esta situación siempre terminan apareciendo grandes hombres como Raúl Scalabrini Ortiz, que terminan siendo modelos a seguir por todos los argentinos y extranjeros de buena voluntad que viven en la República Argentina.
Correntino, nació el 14 de Febrero de 1898, en los albores del agitado siglo XX. Su padre Pedro Scalabrini se había escrito por su afición naturalista con Florentino Ameghino, siendo además Director del Museo de Historia Natural cuando nació su hijo Raúl Angel Toribio Scalabrini, siendole conocido después al llevar el apellido materno de doña Ernestina Ortiz.
Siendo muy joven y ya cursando la carrera universitaria, se inclinaría por la política, como vocación de servicio, pensando las primeras ideas para que las ideas de nacionalidad y Patria no resulten ajenas al sentir popular.
Se inclinaría como muchos por un yrigoyenismo doctrinario, al haberse convertido el mítico caudillo radical de la “causa contra el régimen” en mas bien una categoría política que en un hecho político concreto. El caudillo radical estaba entonces envejecido y mal rodeado.
Con apenas 23 años ya es ingeniero agrónomo, radicado en Buenos Aires, en donde se cruza sin proponérselo con distintas personalidades que descoyarían en la vida cultural y literaria argentina, conoce a Jorge Luis Borges, César Tiempo, y Leopoldo Marechal entre otros.
Aparece publicado un cuento suyo “La Manga” es en esta etapa literaria en donde se o vincula despectivamnte con los “de Boedo” el cual era en ésa época una suerte de barrio marginal, lleno de compadritos, chicas fáciles, inmigrantes sin roce social y bohemios como don Raúl, al cual el descalificativo no lo amilanaba.
Es en este grupo heterogéneo, que se amontonaba en mesas de café, billares y tango en donde conocería a otras muchas personalidades que le permitirían ir madurando su pensamiento intelectual de una Argentina socialmente justa y económicamente libre.
Se cruza, conoce y tiene trato con Macedonio Fernández, Roberto Arlt y Nora Langhe. El primero sería en gran medida quien le iría introduciendo entre las venas su “superstición por lo argentino” como maliciosamente diría Borges de Macedonio Fernández.
El golpe militar del 6 de Septiembre de 1930 tuvo la pretensión inicial de querer regenerar la política y la honestidad en el manejo de la función administrativa que una banda de personajes hoy olvidados y que en su momento fueran conocidos como el “Klan radical” hicieran uso en forma inmoral del anciano indefenso que era don Hipólito Yrigoyen, rodeándolo y manteniéndolo ajeno a la realidad de los hechos que atravesaba el País entonces.
En esa época frecuento cenáculos políticos, y al poco andar como muchos argentinos, vió que la “revolución de septiembre” no era más que una ilusión en donde los únicos ganadores eran los inmorales que empezaban a abundar en la actividad política en cualquier ámbito de decisión que tuviera importancia alguna. Acá en 1931 aparece Ël hombre que está solo y espera” el porteño de la esquina de la Av. Corrientes y esmeralda.
Se iniciaba un largo decenio que sería conocido como “década infame”. En 1933 se produce un hito histórico en la vida institucional de nuestra Patria. Se firma el pacto Roca-Runciman, en el cual y luego de la crisis económica de 1930 argentina entrega los activos financieros y económicos del País a la Corona Británica por nada. José Luis Torres calificaría el mismo como “el estatuto legal del coloniaje”. Argentina se encontraba sometida económicamente al imperio inglés. Lo que no consiguieron en 1806, 1807 y 1845 lo hicieron a través de agentes vernáculos, nativos que colaboraban convencidos que era mejor estar asociados al imperio inglés que ser un País soberano como juraron nuestros mayores el 9 de Julio de 1816.
Es en esta época en la cual la actividad política es un albañal al decir de Lugones, en donde es más fácil seguir la corriente y aceptar mansamente lo que ocurre porque no hay salida a la vista, y porque el Pueblo acepta sin hesitar los hechos vergonzosos que se le imponen.
En esta época es en donde aparece Raúl Scalabrini Ortiz. Lejos de aceptar la situación empieza a interesarse por la realidad que lo circunda y empezar la revolución en el terreno de la ideas, defendiendo la argentinidad por encima de todo.
En el ámbito natural de los de “Boedo” se va delineando un grupo humano de jóvenes radicales yrigoyenistas doctrinarios, que constituirían lo que se conoce como FORJA, el cual estaría integrado por Luis Dellepiane, Jauretche, José Constantino Barro, Homero Manzi y muchos otros más que en ese momento representaban el trigo que no se rendía frente a la cizaña. Eran la esperanza política de la Patria.
Invitado a dar una conferencia en un local de la calle Lavalle Raúl Scalabrini Ortiz explica con números en mano como hicieron los ingleses para ganar políticamente lo que habían perdido en el terreno militar. El entusiasmo es mayúsculo. Tan así es que se publica como primer folleto de FORJA una de las principales obras de Raúl Scalabrini Ortiz “Política británica en el Río de la Plata” edita también un tabloide “Reconquista”el cual lucha durante un mes y medio sin fondos contra la ignorancia y el silencio miserable que rodea al sometimiento a que es sometida la nación argentina. Era la época en que “el subsuelo de la Patria esta sublevado”.
Empiezan sus investigaciones sobre los ferrocarriles, estableciendo la verdad meridiana de que los hicimos los argentinos, se lo quedan los ingleses y encima les tenemos que agradecer que estén en manos privadas. ¿Encuentra algún parecido con la realidad?.
Su actividad intelectual ya se desarrolla estableciendo que los argentinos no somos hindúes que podemos ser gobernados por carecer de ideas propias. Escribe “El Banco Central y el señor Niemeyer”, “Dos plagas: régimen fiscal y oligarquía”; “Porque no da a conocer el doctor Pinedo la lista de deudas congeladas?”; “Hoy como en 1890, Inglaterra estrangula nuestro futuro” y muchos más que van abriendo una siembra de ideas a campo abierto en donde fecundan las ideas de nacionalidad, independencia, patria, justicia social y muchas más que aún hoy son vigentes.
Como siempre la cizaña sería la única que sería reconocida. Pese al nivel de intelectualidad y de irrefutabilidad de ideas, la argentina oficial guardaría un silencio complaciente ante el amo inglés. Era la época en la cual las Silvina y Victoria Ocampo, los Borges, los Eduardo Mallea, recibirían en alta sociedad personalidades de renombre internacional que visitarían nuestro País como Stefan Zweig y Jules Romains, el cual se juntarían en el PEN Club. Era un intento de sometimiento cultural de la argentina, un intento más de transformarnos en la India, una vaca sin cerebro.
Aquí nuevamente se alza la voz de protesta de Scalabrini Ortiz, impidiendo que la Argentina real este ausente de esta imposición cultural.
“Este congreso del PEN Club es una consecuencia del rastacuerismo de nuestra oligarquía” y replicando al francés añade “El nuestro es hoy un pueblo encadenado, no un pueblo libre. Romains se equivocó al calificarlo como altivo, y esa equivocación no nos sorprende si recordamos que él es ciudadano de la segunda Nación imperialista de la tierra, de la dulce Francia, satélite de Inglaterra”.
En este momento sus ideas ya son conocidas por la mayoría de los políticos, los cuales acuden a su retórica a fin de exponer en el Congreso Nacional las críticas a la situación imperante. Con humildad y satisfacción Scalabrini Ortiz vería desde la barra como sus ideas se abren paso entre los legisladores.
Producido el movimiento militar del 4 de Junio de 1943, renace la esperanza de que las ideas se encarnen en el accionar del estado. Scalabrini Ortiz se da cuenta que “un horizonte en aquella oscura selva de traiciones y de intereses combinados” se había abierto. La esperanza estaba en marcha.
Con la jornada popular del 17 de Octubre de 1945 en el cual el pueblo se manifiesta por la liberación del Líder que le devolvería la libertad y la dignidad entregada por la oligarquía vernácula Scalabrini Ortiz afirma que “lo que había soñado e intuído durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto”.
Puesta en marcha la transformación de la Patria en una Argentina socialmente justa, libre y soberana, a partir del proceso iniciado el 24 de Febrero de 1946, se produce un encuentro social entre Juan Domingo Perón y Raúl Scalabrini Ortiz, el cual muy discretamente y a través de un amigo le haría llegar un humilde pedido: “mi General no se olvide de los trencitos” al poco tiempo a través de Miranda, Mercante y muchos más se produciría la compra de los ferrocarriles a los ingleses.
Consultado en una conferencia Scalabrini Ortiz de porque la compra, dado que no era más que hierro viejo que se había pagado muy caro, don Raúl contestó “no importa compramos soberanía y la soberanía no tiene precio”. Finalmente el 9 de Julio de 1949 Juan Domingo Perón declararía la Independencia Económica de la República Argentina.
En esta época el viejo batallador de la Patria, se retiraría de toda exposición pública, guardando un merecido descanso.
Producido el golpe militar de 1955 su alma volvería a la acción impulsada por un fabuloso resorte interno tan potente como el de sus años juveniles. Denuncia la situación de sometimiento que empiezan a querer imponer viejos empleadillos del imperio inglés, los Raúl Prebisch, los Alsogaray y muchos aprendices de “vendepatria” que se postulan para rematar los bienes del estado a favor del capital extranjero. Es la época en la cual escribe en “El Líder” y en la revista “Que” la cual pese a su amarillismo a favor de Frondizi, le sirve como vehículo de sus ideas.
Finalmente y en manos de su compañera inseparable Mecha, madre de sus cinco hijos fallece el 31 de Mayo de 1959.
Aun hoy su legado sigue vigente. Scalabrini Ortiz, no se afilio nunca a ningún partido político, porque para el el único partido posible era el de la Patria. No concebía a la Argentina como una “factoría del imperio inglés” y veía al igual que San Martín, con horror que haya argentinos nativos que trabajen a favor del extranjero y en contra de su patria eran los “cipayos” los hindúes nativos que ayudan al invasor a dominar su propio País.
Parece mentira que dicha situación vergonzosa y que fuera resistida por los fundadores de la nacionalidad, por la Confederación Argentina en la época de Rosas y con mucho coraje civil por parte de Perón, sirva de especulación política por parte de argentinos para afirmar que nos “hubiera ido mejor si los ingleses nos conquistaban en 1806 y 1807” que hoy seríamos como Australia y otras estupideces por el estilo que sólo ofenden la memoria de quienes como Raúl Scalabrini Ortiz consagraron su vida en pensar la Patria.
Es un acto de Justicia para todos los argentinos que la ex Av. Canning, el principal diplomático inglés en la etapa de la formación de la nacionalidad que obstruyera por todos los medios posibles a la Argentina; lleve su nombre.En el Bicentenario de la Argentina refresquemos lo vivido y pensado por Raúl Scalabrini Ortiz para alcanzar una Argentina socialmente justa económicamente libre y políticamente soberana.