Por Raúl A. Montenegro - Martes, 27 de Marzo de 2008
(O COMO BRAMAN LAS CACEROLAS LLENAS DE SOJA DEL OBELISCO, Y NADIE OYE LAS CACEROLAS SIN TIERRA DE SANTIAGO DEL ESTERO). Dedicado a la gente del Mocase, y a los expulsados por la soja, la codicia, la ineptitud de los gobiernos, las topadoras y los plaguicidas. Por Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo. Premio Nóbel Alternativo (Estocolmo, Suecia) Presidente de FUNAM. Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías. Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero. Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires. Que duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero. Que duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano. Que duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita. Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel. Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja. Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus agroquímicos. Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte. Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado. Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas. Qué duro es comprobar que muchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales. Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo. Qué duro es recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados. Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte. Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena. Qué duro es saber que miles de Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja. Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace estudios epidemiológicos. Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana. Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo. Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan. Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a la cocina. Dr. Raul A. Montenegro, Biologo Presidente de FUNAM Premio Nobel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia). Profesor Titular de Biologia Evolutiva, Universidad Nacional de Cordoba (Argentina)
lunes, 31 de marzo de 2008
jueves, 20 de marzo de 2008
La Plaza de Mayo, sueño de presidentes
Quedó asociada al peronismo desde el 17 de octubre de 1945; sin embargo, es protagonista desde los albores de la patriaUna multitud eufórica viva al jefe político, que, con su mirada de estadista que trasciende la historia, recoge, desde los balcones de la Casa Rosada, la ovación de su pueblo, reunido para apoyarlo en la Plaza de Mayo. Esa imagen apoteótica tal vez sea el sueño de todo presidente argentino. Y Néstor Kirchner no resulta una excepción: su intención de escenificar un acto multitudinario en la plaza pública más importante del país no hace más que sumarse a una larga tradición que comenzó con el primer gobierno patrio. Según tres expertos consultados por LA NACION, buena parte de los acontecimientos históricos más importantes del país quedaron asociados a la Plaza de Mayo: las celebraciones patrias (25 de mayo de 1810), el peronismo (17 de octubre de 1945), las Madres de Plaza de Mayo (comenzaron sus rondas en 1977), la recuperación de las islas Malvinas (2 de abril de 1982), la vuelta de la democracia (10 de diciembre de 1983) o la rebelión carapintada en tiempos de Raúl Alfonsín (19 de abril de 1987). Según explican historiadores y sociólogos, el 17 de octubre de 1945 -cuando una imponente movilización obrera logró instalar a Juan Perón en el balcón de la Casa Rosada- es la evocación común que los argentinos tienen de la Plaza de Mayo. Desde París, la socióloga Silvia Sigal, que escribe un libro sobre la Plaza de Mayo, de próxima publicación, dijo que "si bien es cierto que una plaza llena tiene una connotación muy cercana a Perón, la Plaza de Mayo no es sólo peronista ni los balcones son peronistas". Para Sigal, "la Plaza tiene distintos significados en diferentes momentos históricos que no se reemplazan, sino que se superponen, y eso hace que no se pueda hablar de un imaginario único ni estático". En sentido similar, el historiador Fernando Rocchi, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), señaló que "Perón no inaugura la Plaza como espacio simbólico". Y enfatizó: "Perón llena la Plaza, pero también la llena Lonardi [Eduardo, que en septiembre de 1955 depone a Perón]". El historiador y escritor Pacho O Donnell distinguió, sin embargo, "el asombroso uso de los balcones de la Casa Rosada que hicieron Perón y Evita, donde establecían verdaderos diálogos con la muchedumbre". Rocchi recordó los diferentes sentidos de la Plaza desde el 25 de mayo de 1810. "Durante el siglo XIX fue la plaza de las celebraciones y los festejos patrios; en el siglo XX se convierte en plaza de reclamos y de propaganda, que es el sentido que conserva en la actualidad", describió. Sigal puntualizó que "históricamente la Plaza se llenó por primera vez con la asunción de Hipólito Yrigoyen (1916), aunque él no habló desde el balcón porque no era un presidente de discursos". Sobre el mismo acontecimiento, Rocchi destacó "la marea humana que se precipitó sobre la carroza que llevaba a Yrigoyen, desenganchó los caballos y la propia gente empujó el coche desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo". O Donnell recordó que "durante las dictaduras la Plaza queda reducida a escenario de desfiles militares. Los gobiernos militares evitaron siempre las concentraciones". En este sentido, el historiador enfatizó que "la Plaza de Galtieri [Leopoldo] del 82 no fue un apoyo al gobierno, sino a los muchachos que peleaban en las Malvinas". "Por lo mismo -razonó-, fue tan significativa la celebración en la Plaza de la vuelta de la democracia; fue la recuperación del espacio y la posibilidad de estar juntos y sin miedo." ¿Qué significa para un presidente llenar la Plaza de Mayo? Para O Donnell, "el apoyo popular en la Argentina quedó asociado a la capacidad de llenar la Plaza". E hizo la salvedad: "Hay que ver cómo se llena: si es espontáneo o si es con micros gratis. Ahí la significación es muy distinta". Por María Cecilia Tosi De la Redacción de LA NACION En foco La plaza imponente, los presidentes en el balcón... Las imágenes traen recuerdos diversos: Galtieri, Alfonsín, Menem. El día en que se anunció que se recuperarían por la fuerza las islas Malvinas; las “felices Pascuas” y la Plaza del Sí, en 1991. Todas obtenidas por la lente y el talento de Víctor Hugo Bugge, que hace 25 años es el fotógrafo de la Presidencia de la Nación, un testigo privilegiado de la historia reciente en el centro del poder.
lunes, 3 de marzo de 2008
TREINTA AÑOS DEL CONFLICTO DEL BEAGLE
Este año, se cumplen 30 años de la intervención el extinto Pontífice Juan Pablo II en el conflicto fronterizo entre Argentina y Chile. Dentro de la etapa institucional que atraviesa nuestro País no es precisamente un recordatorio que forme parte de la agenda política; pareciendo casi un hecho de estudio de los especialistas en las relaciones internacionales en reducidos ámbitos académicos, pero no debe pasar desapercibido, ni menos aún ignorado por los argentinos por lo que seguidamente se expondrá
Precisamente en Diciembre de 1978, y luego de una escalada verbal, diplomática y política entre la Junta Militar que gobernaba el País, y la dictadura de Pinochet en Chile, que había arrancado, al desconocer el laudo de la Corona Británica sobre la soberanía en las islas Picton, Lennox y Nueva, aguas adyacentes y sobre el canal del Beagle, que divide a la parte argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego, y la Isla Navarino en el lado chileno, y de Punta Dungeness en la boca del estrecho de Magallanes.
La soberanía argentina sobre sector se hallaba establecida en forma pacífica desde el Virreynato del Río de la Plata, cuando dicho terreno se hallaba bajo el mandato de la Intendencia de Buenos Aires, la soledad, el frío y las escasas condiciones climáticas impidieron a las autoridades españolas primero, y argentinas después a establecer una representación permanente que pudiera, con la presencia del hombre, alejar cualquier pretensión de ejercicio soberano sobre ese sector específico; y amplias superficies de nuestra Patria.
Así, y como consecuencia de una geografía estrecha, empezó la dirigencia chilena a extender sus fronteras desde los límites políticos que tenían en 1819 al norte y al sur. En 1879 desencadenó una guerra con los países hermanos de Chile y del Perú, del cual quedo con la región de Atacama y parte del territorio peruano (muchos años más tarde devolvería parte el territorio peruano).
Durante la época de la Confederación Argentina, se exilio en Chile, Domingo Faustino Sarmiento. No sería un hecho trascendente por ser solo un adversario de Rosas; salvo que para financiar su posición de acérrimo enemigo de éste, alentó en la prensa de dicho País los deseos de extender sus límites políticos sobre la patagonia argentina.
Así publicó en 1842 a favor de la ocupación del estrecho de Magallanes por parte de Chile, en base a un análisis parcial de los documentos existentes en la época de la colonia. Esto traería graves consecuencias para nuestro País durante varias décadas, no sólo en el ejercicio pacífico de nuestra soberanía sobre dichos territorios, que finalmente se perdieron por la desidia y un pacifismo que no eran valorados por las autoridades de Chile.
Así y luego de una larga historia de acuerdo que dejaban insatisfechas a las autoridades chilenas, y ante el nuevo conflicto limítrofe con dicho país; se encontraba como presidente de Chile el general Augusto Pinochet, el cual en el año 1968 había publicado una obra suya “Geopolítica” en donde afirma que “En otras ocasiones el estado más poderoso ahoga prácticamente al más débil (…)En lo político influye porque el estado más poderoso, con una mayor potencia militar, respalda sus resoluciones con la sola presencia de su fuerza y, en consecuencia, el efecto de sus decisiones en el más débil es mayor; jamás un estado más débil podrá tomar una iniciativa basándose en la fuerza. Este hecho le resta autonomía, que a la larga el significa entrar en la órbita política del más fuerte. De esta modo los estados más fuertes van aumentando sus esferas de influencia” no hay dichos públicos posteriores que modificaran este pensamiento con el que se moldeó el pensamiento de los militares de dicho país.
Coincidiendo el conflicto entre Argentina y Chile con el centenario de la guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia, la posición diplomática y militar de Chile parecía desventajosa, con la consiguiente posibilidad de que Argentina pudiera mantener sus derechos sobre las zonas en disputa. La falta de tino y de manejo de crisis por parte de la Junta Militar y la oportuna intervención del Estado Vaticano llevaron a las partes a firmar un acuerdo conocido como el “Acta de Montevideo” (8/1/1979) en donde el Pontífice Romano zanjaría las diferencias.
En 1980 finalmente otorgaría en detrimento de nuestro país dicha zona a los chilenos. La Junta no reconocería este resultado. Con el ascenso del Dr. Alfonsín a la presidencia, con la misma vocación pacifista que tan nefastos resultados trajo en anteriores oportunidades; decide someter a votación la aprobación o no del acuerdo, con una inmensa publicidad oficial a favor de la paz y de evitar otra guerra, como la perdida en 1982 frente a los ingleses. Bajo este clima de miedo el pueblo argentino aprueba el acuerdo, comprometiendo en parte el destino de las futuras generaciones de argentinos.
Se dijo que con la firma de dicho acuerdo era el último conflicto limítrofe con Chile. Era y es una mentira. Siguió el conflicto de lo que Chile llama “campos de hielo” siendo ya presidente el Dr. Menem. Por fortuna el arbitraje en esta ocasión resultó favorable para la argentina. Queda aún pendiente y a futuro la superposición de límites sobre el sector que reclama nuestro País.
Con la puesta fuera de servicio del rompehielos “Almirante Irizar”
tenemos afectada nuestra “columna vertebral” con la cual sostenemos nuestras bases en el continente blanco. Estamos en una posición de debilidad operativa. A esto se suma la falta de un diseño de política exterior que le permita a la Argentina hacer valer en las relaciones internacionales el ejercicio soberano de su País. El constante conflicto con Uruguay da la pauta de ello.
Lo preocupante de todo ello es que los argentinos no hemos abandonado esa vocación pacifista que tan nociva nos resultó en todas las épocas (“la victoria no da derechos” nos trajo muchos dolores de cabeza) en tanto que Chile demuestra una constancia y el establecimiento de metas que son permanentes y ajenas a todo gobierno.
En una región sin conflictos, la mayoría de los países han decidido actualizar los sistemas de armas con los cuales alejan cualquier pretensión de someter su independencia. En el caso de Chile, ha incorporado submarinos, aviones, equipos de comunicaciones, y casi 120 carros de combate pesados en el extremo sur de su País ¿habrán abandonado las ideas de Pinochet? No lo sabemos.
En el caso de nuestro país, el sistema de defensa se encuentra colapsado y en condiciones de operar sólo 24 hs ininterrumpidas con equipo casi inservible. No estamos en condiciones de defendernos. Sumado a la burocratización de los cuadros castrenses, las desinteligencias con los civiles, producto de que los primeros continúan encubriendo a los torturadores del proceso, y la apatía general en preocuparse de la actualización de los medios necesarios para evitar la obsolescencia total de los sistemas de armas de la República Argentina.
Dentro de la agenda presidencial no figura el área de defensa. Tangencialmente y como mecanismo de intercambio y de acercamiento político se ha emprendido con Brasil el vehículo “gaucho” y se le entregará los conocimientos argentinos para que Brasil pueda efectuar la construcción de un submarino de propulsión nuclear (solos nunca pasaron del anuncio) estos elementos son insuficientes y descoordinados.
Han pasado 30 años desde la intervención papal por el conflicto con Chile. No se avizora en el horizonte un conflicto territorial con dicho país. Pero los conflictos no son sólo territoriales, son comerciales, políticos, demográficos, financieros, culturales forman parte de la vida de los estados.
No estamos exentos de un posible conflicto con Chile, pese a que desesperadamente algunos técnicos proclamen lo contrario. Chile se encuentra en condiciones militares de imponerse casi sin riesgo sobre la Argentina. ¿Habrán abandonado la concepción geopolítica de Pinochet?. No lo sabemos, pero creemos que teniendo un fuerte superávit comercial, la sociedad tome conciencia de la necesidad de “invertir” (la libertad no es “gasto”) en la compra de los medios necesarios necesarios para mantener operativo el instrumento militar.
Es por tanto un grave déficit la falta de referencias y de propuestas claras por parte de la Presidenta en el área de la defensa. La sola presencia de la ministra Garré la cual no ha efectuado una gestión útil hasta la fecha y debe su cargo a su militancia “setentista” habla a las claras de la falta de responsabilidad demostrada hasta la fecha.
Esperemos que este nuevo aniversario de la mediación papal, sirva a los argentinos y a las actuales autoridades para reflexionar sobre la necesidad de evaluar las conductas que asume Chile, país con el cual tenemos más de cinco mil kilómetros de frontera en común y evitar conflictos que desemboquen en nuevos fracasos diplomáticos y en concesiones territoriales y de cualquier otro tipo, ante exigencias basadas en presiones militares carentes de todo fundamento ético o jurídico.
Precisamente en Diciembre de 1978, y luego de una escalada verbal, diplomática y política entre la Junta Militar que gobernaba el País, y la dictadura de Pinochet en Chile, que había arrancado, al desconocer el laudo de la Corona Británica sobre la soberanía en las islas Picton, Lennox y Nueva, aguas adyacentes y sobre el canal del Beagle, que divide a la parte argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego, y la Isla Navarino en el lado chileno, y de Punta Dungeness en la boca del estrecho de Magallanes.
La soberanía argentina sobre sector se hallaba establecida en forma pacífica desde el Virreynato del Río de la Plata, cuando dicho terreno se hallaba bajo el mandato de la Intendencia de Buenos Aires, la soledad, el frío y las escasas condiciones climáticas impidieron a las autoridades españolas primero, y argentinas después a establecer una representación permanente que pudiera, con la presencia del hombre, alejar cualquier pretensión de ejercicio soberano sobre ese sector específico; y amplias superficies de nuestra Patria.
Así, y como consecuencia de una geografía estrecha, empezó la dirigencia chilena a extender sus fronteras desde los límites políticos que tenían en 1819 al norte y al sur. En 1879 desencadenó una guerra con los países hermanos de Chile y del Perú, del cual quedo con la región de Atacama y parte del territorio peruano (muchos años más tarde devolvería parte el territorio peruano).
Durante la época de la Confederación Argentina, se exilio en Chile, Domingo Faustino Sarmiento. No sería un hecho trascendente por ser solo un adversario de Rosas; salvo que para financiar su posición de acérrimo enemigo de éste, alentó en la prensa de dicho País los deseos de extender sus límites políticos sobre la patagonia argentina.
Así publicó en 1842 a favor de la ocupación del estrecho de Magallanes por parte de Chile, en base a un análisis parcial de los documentos existentes en la época de la colonia. Esto traería graves consecuencias para nuestro País durante varias décadas, no sólo en el ejercicio pacífico de nuestra soberanía sobre dichos territorios, que finalmente se perdieron por la desidia y un pacifismo que no eran valorados por las autoridades de Chile.
Así y luego de una larga historia de acuerdo que dejaban insatisfechas a las autoridades chilenas, y ante el nuevo conflicto limítrofe con dicho país; se encontraba como presidente de Chile el general Augusto Pinochet, el cual en el año 1968 había publicado una obra suya “Geopolítica” en donde afirma que “En otras ocasiones el estado más poderoso ahoga prácticamente al más débil (…)En lo político influye porque el estado más poderoso, con una mayor potencia militar, respalda sus resoluciones con la sola presencia de su fuerza y, en consecuencia, el efecto de sus decisiones en el más débil es mayor; jamás un estado más débil podrá tomar una iniciativa basándose en la fuerza. Este hecho le resta autonomía, que a la larga el significa entrar en la órbita política del más fuerte. De esta modo los estados más fuertes van aumentando sus esferas de influencia” no hay dichos públicos posteriores que modificaran este pensamiento con el que se moldeó el pensamiento de los militares de dicho país.
Coincidiendo el conflicto entre Argentina y Chile con el centenario de la guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia, la posición diplomática y militar de Chile parecía desventajosa, con la consiguiente posibilidad de que Argentina pudiera mantener sus derechos sobre las zonas en disputa. La falta de tino y de manejo de crisis por parte de la Junta Militar y la oportuna intervención del Estado Vaticano llevaron a las partes a firmar un acuerdo conocido como el “Acta de Montevideo” (8/1/1979) en donde el Pontífice Romano zanjaría las diferencias.
En 1980 finalmente otorgaría en detrimento de nuestro país dicha zona a los chilenos. La Junta no reconocería este resultado. Con el ascenso del Dr. Alfonsín a la presidencia, con la misma vocación pacifista que tan nefastos resultados trajo en anteriores oportunidades; decide someter a votación la aprobación o no del acuerdo, con una inmensa publicidad oficial a favor de la paz y de evitar otra guerra, como la perdida en 1982 frente a los ingleses. Bajo este clima de miedo el pueblo argentino aprueba el acuerdo, comprometiendo en parte el destino de las futuras generaciones de argentinos.
Se dijo que con la firma de dicho acuerdo era el último conflicto limítrofe con Chile. Era y es una mentira. Siguió el conflicto de lo que Chile llama “campos de hielo” siendo ya presidente el Dr. Menem. Por fortuna el arbitraje en esta ocasión resultó favorable para la argentina. Queda aún pendiente y a futuro la superposición de límites sobre el sector que reclama nuestro País.
Con la puesta fuera de servicio del rompehielos “Almirante Irizar”
tenemos afectada nuestra “columna vertebral” con la cual sostenemos nuestras bases en el continente blanco. Estamos en una posición de debilidad operativa. A esto se suma la falta de un diseño de política exterior que le permita a la Argentina hacer valer en las relaciones internacionales el ejercicio soberano de su País. El constante conflicto con Uruguay da la pauta de ello.
Lo preocupante de todo ello es que los argentinos no hemos abandonado esa vocación pacifista que tan nociva nos resultó en todas las épocas (“la victoria no da derechos” nos trajo muchos dolores de cabeza) en tanto que Chile demuestra una constancia y el establecimiento de metas que son permanentes y ajenas a todo gobierno.
En una región sin conflictos, la mayoría de los países han decidido actualizar los sistemas de armas con los cuales alejan cualquier pretensión de someter su independencia. En el caso de Chile, ha incorporado submarinos, aviones, equipos de comunicaciones, y casi 120 carros de combate pesados en el extremo sur de su País ¿habrán abandonado las ideas de Pinochet? No lo sabemos.
En el caso de nuestro país, el sistema de defensa se encuentra colapsado y en condiciones de operar sólo 24 hs ininterrumpidas con equipo casi inservible. No estamos en condiciones de defendernos. Sumado a la burocratización de los cuadros castrenses, las desinteligencias con los civiles, producto de que los primeros continúan encubriendo a los torturadores del proceso, y la apatía general en preocuparse de la actualización de los medios necesarios para evitar la obsolescencia total de los sistemas de armas de la República Argentina.
Dentro de la agenda presidencial no figura el área de defensa. Tangencialmente y como mecanismo de intercambio y de acercamiento político se ha emprendido con Brasil el vehículo “gaucho” y se le entregará los conocimientos argentinos para que Brasil pueda efectuar la construcción de un submarino de propulsión nuclear (solos nunca pasaron del anuncio) estos elementos son insuficientes y descoordinados.
Han pasado 30 años desde la intervención papal por el conflicto con Chile. No se avizora en el horizonte un conflicto territorial con dicho país. Pero los conflictos no son sólo territoriales, son comerciales, políticos, demográficos, financieros, culturales forman parte de la vida de los estados.
No estamos exentos de un posible conflicto con Chile, pese a que desesperadamente algunos técnicos proclamen lo contrario. Chile se encuentra en condiciones militares de imponerse casi sin riesgo sobre la Argentina. ¿Habrán abandonado la concepción geopolítica de Pinochet?. No lo sabemos, pero creemos que teniendo un fuerte superávit comercial, la sociedad tome conciencia de la necesidad de “invertir” (la libertad no es “gasto”) en la compra de los medios necesarios necesarios para mantener operativo el instrumento militar.
Es por tanto un grave déficit la falta de referencias y de propuestas claras por parte de la Presidenta en el área de la defensa. La sola presencia de la ministra Garré la cual no ha efectuado una gestión útil hasta la fecha y debe su cargo a su militancia “setentista” habla a las claras de la falta de responsabilidad demostrada hasta la fecha.
Esperemos que este nuevo aniversario de la mediación papal, sirva a los argentinos y a las actuales autoridades para reflexionar sobre la necesidad de evaluar las conductas que asume Chile, país con el cual tenemos más de cinco mil kilómetros de frontera en común y evitar conflictos que desemboquen en nuevos fracasos diplomáticos y en concesiones territoriales y de cualquier otro tipo, ante exigencias basadas en presiones militares carentes de todo fundamento ético o jurídico.
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