lunes, 20 de agosto de 2007

MUY SEÑOR MÍO Y RESPETABLE GENERAL:

EN UN NUEVO ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL PADRE DE LA PATRIA EL GRUPO SUIPACHA SE COMPLACE EN RECORDAR LA GRAN AMISTAD QUE LE UNE CON NUESTRO OTRO GRAN PROCER DON JUAN MANUEL DE ROSAS, QUIEN GARANTIZARA CON SU ACTITUD LA DEFENSA DE LA INDEPENDENCIA LEGADA POR EL GENERAL SAN MARTIN MEDIANTE LA PRIMERA DE VARIAS CARTAS QUE SE ENVIARAN ENTRE AQUELLOS DOS GRANDES HOMBRES.


Excelentísimo señor Capitán General don Juan Manuel de Rosas.


Grand-Bourg, cerca de París, 5 de Agosto de 1838



Muy señor mío y respetable General:




Separado voluntariamente de todo mando público, el año 1823 y retirado en mi chacra de Mendoza, siguiendo por inclinación y cálculo una vida retirada, creía que este sistema y más que todo, mi vida pública en el espacio de diez años, me pondría a cubierto con mis compatriotas, de toda idea de ambicionar ninguna especie de mando; me equivoqué en mi cálculo a los dos meses de mi llegada a Mendoza el gobierno que en aquella época mandaba en Buenos Aires, no sólo me formó un bloqueo de espías, entre ellos a uno de mis sirvientes, sino que me hizo una guerra injusta y poco noble, en los papeles públicos de su devoción, tratando al mismo tiempo de hacerme sospechoso a los demás gobiernos de las provincias, por otra parte, los de la oposición, hombres a quienes en general no conocía ni aun de vista, hacían circular la absurda idea que mi regreso del Perú no tenía otro objeto que el de derribar la administración de Buenos Aires y substituirme a ella y parta corroborar esta idea mostraban (con una impudicia poco común) cartas que ellos suponían les escribía, -lo que dejo expuesto me hizo conocer que mi posición era falsa, y que por desgracia mía yo había figurado demasiado en la guerra de la independencia, para esperar gozar en mi Patria por entonces, la tranquilidad, la que tanto apetecía; en estas circunstancias resolví venir a Europa, esperando que mi país ofreciese garantías de orden para regresar a él, - la época la creía oportuna el año 29; a mi llegada a Buenos Aires me encontré con la guerra civil, preferí un nuevo ostracismo a tomar parte alguna en sus disensiones; desde aquella época seis años de males han deteriorado mi constitución, pero no mi moral ni los deseos de ser útil a nuestra patria me explicaré.
He visto por los papeles públicos de ésta, el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra Buenos Aires; ignoro los resultados de esta medida si son los de la guerra yo sé lo que mi deber me impone como americano, pero mis circunstancias, y la de que se fuese a creer que me supongo un hombre necesario hace por un exceso de delicadeza que usted sabrá valorar el que espere sus órdenes si usted me cree de alguna utilidad; inmediatamente de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a la patria en la guerra contra Francia en cualquier clase que se me destine con la misma decisión y desinterés que lo he hecho anteriormente.
Concluída la guerra me retiraré en un rincón esto si mi país me ofrece seguridad y orden, de lo contrario regresaré a Europa con el sentimiento de no dejar mis viejos huesos en la patria que me vió nacer.
He aquí señor General, el objeto de esta carta; en cualquier de los dos casos, es decir que mis servicios sean o no aceptados tendré siempre una completa satisfacción en que usted me crea sinceramente su apasionado servidor y compatriota. Q.B.S.M.


JOSE DE SAN MARTIN

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